
-Nunca más. Suspiré sabiendo que no podría vivir sin el. Pero era la única alternativa posible.
Al decir estas palabras mis ojos se llenaron de lágrimas, y me alejé de él como si no lo conociera, como si fuéramos dos extraños reunidos por el destino en el mismo lugar y al mismo tiempo.
¡Amarlo significa dejarlo ir! – me repetía una y otra vez, a ver si mi corazón finalmente lo entendía, porque se negaba a dejarlo ir.
No puedo hacerlo sufrir, a mi lado nunca será feliz. Y lo peor de todo es que no puedo decírselo, no puedo gritarle: CONMIGO NUNCA VAS A SER FELIZ, PORQUE NACÍ CON ESA MALDICIÓN, Y LA UNICA QUE PUEDE LIBERARME SOY YO MISMA, Y NO SE COMO.
Los días transcurrían y con ellos la esperanza de poder salir de esa maldición, de despertarme y que solo fuera un sueño. Pero eso nunca ocurrió.
Voy a tener que acostumbrarme a esto, a vivir así.
Un lunes más, otra mañana como todas las ultimas. Tan monótona, tan simple. Reducida a “pásame el azúcar”; “hay tostadas?”.
Cuando llego de la escuela siempre lo mismo:
-¿Te sentís bien hija?
-Si papá. Era tan fácil mentir, me había vuelto una profesional en ese rubro.
-¿Qué hiciste en el colegio?
-Nada, va lo de siempre. ¿Qué vamos a hacer? a ver, bailar un vals? Ver elefantes? Puras cuentas, Monólogos incomprensibles y tiempo malgastado.
-Ah bueno.
-Me voy a hacer tarea y a estudiar para mañana. Sí claro, como si fuera verdad.
-Me parece muy bien :)
Pero no podía estudiar, pensar, ni caminar sin que tu nombre o silueta se me aparecieran de la nada. Ya perturbabas mis pensamientos otra vez.

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